La llaga en un bosque oscuro Por Marcos Daniel Aguilar ¿Qué es el Oscuro bosque oscuro de Jorge Volpi? Él mismo lo responde, es una llaga que nunca cerrará. En este texto editado por Almadía, Volpi narra de manera sutil, pues nunca pone nombres ni espacios reales, los acontecimientos suscitados en la Alemania gobernada por el partido nacionalsocialista durante la segunda gran guerra. El reclutamiento de ciudadanos para el ejército y las campañas de propaganda bélica son el motor de esta historia. Ancianos, empresarios, panaderos, constructores, policías de barrio, leñadores y hasta el mismo lector son los protagonistas quienes recibirán las instrucciones de incorporarse al ejército para capturar y asesinar "insectos" por el bienestar de la nación. Esos insectos son la metáfora de la persecución hacia el pueblo judío y otros "enemigos políticos" que estos policías de facto tratarán de atrapar. Algunos se resistirán, otros lo harán por convicción pues su nación se los pide, y otros más conocerán el golpe agridulce, se sentirán culpables y héroes a la vez, pero al final, este ejército terminará convirtiéndose en asesino. Jorge Volpi desentraña las emociones y pensamientos de aquellos hombres que se dejaron llevar por esa mentira repetida mil veces y que se convirtió en una verdad: la represión militar aunada a la exaltación de la supuesta raza superior y la promesa de un futuro mejor fueron dosis suficientes para convencer a estos policías venidos a menos. Cada uno de los protagonistas refleja dolorosas historias sin un final feliz. En una reseña de este libro publicada en Nexos, Sabina Berman menciona que a Volpi sólo le faltó decir qué ocurrió con aquellos hombres y héroes que no se dejaron llevar por la propaganda asesina, y tiene razón, pero parece ser que al escritor, como a muchos lectores también, le intrigó saber qué pasó exclusivamente por la cabeza de aquellas personas que se tragaron la promesa de una felicidad simulada. Si a esas vamos, como dice Berman, habrá que mencionar a esos héroes, como el mexicano Gilberto Bosques, que ayudaron a escapar a miles de perseguidos políticos e ideológicos por la Alemania nazi; pero ese no era el objetivo del escritor. Este texto es una historia narrada no en prosa sino a base del verso libre. Oscuro bosque oscuro explora otras mentes de los protagonistas y víctimas que vivieron, y que en algunas naciones aún viven, bajo el autoritarismo que limita el máximo valor humano: la libertad. Jorge Volpi, Oscuro bosque oscuro, Almadía, México, 2009, 147pp.
Un pensamiento mexicano en inglés El 2009 fue el año en que se recordó, de manera bastante banal y aburrida por cierto, la figura del escritor Alfonso Reyes. Banal porque nadie se introdujo por aristas inexploradas que el pensamiento de este personaje es capaz de arrojar; pues todos los coloquios, presentaciones y exposiciones en torno a su figura se dedicaron a reproducir lo que siempre se ha dicho de él, como si fuera una historia acabada. Y no es así. Nadie, por ejemplo, abordó su faceta y su visión sobre la política o al menos criticó sus acciones dentro de la vida diplomática o su compromiso social como intelectual. Los halagos están bien, pero ya no estamos para darnos golpecitos en el hombro fingiendo que los discursos institucionales son la verdad absoluta. Critiquemos entonces, o mejor que eso, leamos. Dentro de la serie de publicaciones que conmemoraron este hecho, el Fondo de Cultura Económica, y la FLM, editaron el libro Anthology, una muestra de la diversidad de textos, temas y géneros que escribió Reyes a lo largo de su vida. Se trata de una traducción al inglés realizada por Dick Gerdes cuya selección de textos estuvo a cargo de José Luis Martínez. En Anthology se presentan siete secciones que van de las crónicas literarias que escribió Alfonso Reyes durante su estancia en Francia, España y Brasil, hasta su género menos logrado: la escritura de poemas. Pasando por sus ensayos sobre crítica literaria y sus temas de erudición sobre las letras y pensamiento de los clásicos griegos y latinos. También incluye la primera parte de aquel texto en que juega a la vez con el ensayo y a la vez con el poema: Visión de Anáhuac, cuyo editor no incluyó, por ende tampoco se tradujo, la clásica entrada de "Viajero, has llegado a la región más transparente del aire". Una traducción ágil y fresca destinada para los lectores angloparlantes y para aquellos que quieran aventurarse a leer textos, de alta calidad, en lengua inglesa. Aunque quedaron fuera otras expresiones de este escritor sobre problemáticas históricas, geopolíticas y bélicas del siglo que a Reyes le tocó vivir, así como sus trabajos periodísticos, por ejemplo, se agradece esta traducción que fue plasmada en una cómoda y bien cuidada edición. (MDA). Alfonso Reyes, Anthology, Fondo de Cultura Económica/Tezontle - FLM, México, 2009, 532 pp.
Masonería, simbolismo y noética envueltos en thriller Por Noé Cárdenas No hay peor situación para hincarle el diente a un best seller que leerlo con sentimiento de culpa. Habiendo tantos grandes libros de comprobada grandeza y tan poca vida para leerlos, no: ahí va uno vencido por la curiosidad de saber en qué carajos consiste el éxito y la fama de un Dan Brown, por ejemplo. Sin embargo, y encauzando ciertos atavismos, es posible solazarse en la tal lectura culposa, y hasta sobaquear el volumen en público. Varios obstáculos hay que salvar aún: la apresurada traducción que entorpece la lectura; y sortear la imborrable imagen de Tom Hanks como el profesor Robert Langdon, héroe de las novelas de Brown. No tengo nada contra Hanks, pero tuve la desventurada experiencia de que el odioso papel del actor como Forrest Gump se me grabó de manera indeleble. Así que algo en mi mente se negó al principio a imaginar a Gump intentando desentrañar misterios ocultísimos que exigen gran conocimiento y avanzadas habilidades deductivas. No está demás preguntarse si Brown no se habrá inspirado para esta nueva novela en la imagen de Tom Hanks como Langdon en una suerte de espejeo en sentido contrario. Y es que muy pronto se nota que El símbolo perdido fue concebida para ser filmada, como ocurre hoy casi con todos los best sellers y con las novelas-para-premio en general: diálogos fáciles, acción permanente, efectos lumínicos y visuales contrastantes, escenarios grandiosos, vehículos espectaculares, tecnología de punta y -en esta novela- hasta un calamar gigante. Como en la novela rosa y en los cuentos de hadas, en los thrillers de Dan Brown los personajes se mueven en esferas inverosímilmente millonarias y cuentan con rasgos físicos y mentales excepcionalmente superdotados. En esta obra, Langdon es convocado a Washington supuestamente por su amigo y mentor Peter Solomon y deberá descifrar un mensaje secreto a contrarreloj relacionado con la tradición masónica. Muy pronto, aparece la guapa de la historia, en este caso hermana de Solomon, una hermosísima e inteligentísima científica con modales aristocráticos pero sencilla en su trato. Ambos hermanos provienen de un linaje antiquísimo y sus conocimientos y secretos, respectivamente, son capaces de cambiar el destino de la humanidad. Némesis de los Solomon, Mal'akh ha vuelto del pasado a cumplir una misión que había quedado trunca hacía años y que fue la causa de la tragedia familiar que pesa sobre los hermanos. Baste decir que el extravagante Mal'akh, cual personaje de Batman, es multimillonario y está empeñado en convertirse en dios en vida a través del secreto que celosamente han guardado los varones de la familia Solomon a través del juramento masónico. La pinta del camaleónico Mal'akh ya promete un éxito visual: totalmente cubierto de tatuajes, su cuerpo además fue sometido a obsesivas rutinas físicas para perfeccionarlo. En cierto punto el suspenso crece porque, cuando todo parece despejado, de pronto no se sabe de qué lado está cada uno de los implicados, incluida la CIA. A pesar de que la acción es vertiginosamente administrada por el hábil Brown, en perfecta cuadratura con la información de simbolismos esotéricos que incluyen la descripción del Capitolio como templo masónico, hay momentos en los que el afán de didactismo obliga al autor a usar triquiñuelas poco verosímiles (no se puede creer que la ilustradísima científica Katherine Solomon no conozca la célebre firma de Durero, por ejemplo.) La tecnología cibernética y la telefonía celular están protagónicamente incrustadas en la trama a tal grado que sin ellas no avanzaría la acción. Catalizadora de los avances ultramodernos y la magia antigua, la doctora Solomon es una experta en la ciencia noética, que está a caballo entre la ciencia dura y el esoterismo. El autor sabe que su lector ideal es aquel que no sólo se deje atrapar por los rasgos propios del thriller, sino que de paso sienta que aprendió algo nuevo a modo de ser utilizado como tema de conversación hasta cierto punto apantallador para sus interlocutores en sobremesas chick. Con todo, no creo que se pierda demasiado si se toma la decisión de esperar la película, cosa que no me atrevería a decir si de una gran obra literaria se tratara, pues lo que dice "la" novela no puede decirse de ninguna otra manera, mientras que lo dicho en las obras de Dan Brown bien puede decirse a través de una película. Dan Brown, El símbolo perdido. Planeta Internacional, México, 2009. 619 pp.
La esperanza en la memoria Profunda reflexión sobre la vejez y la soledad, así como radiografía que detectara los fantasmas perdurables en una ciudad en vertiginosa y perpetua transformación, Nos acompañan los muertos es una novela de afiladas aristas y lucidez tajante. El narrador afirma su corporeidad a través de los medicamentos que ingiere, de las menciones constantes a la actividad física, la sed o el desplazamiento que anticipan la franca decrepitud en la que sus ancianos padres han caído. El espacio que une estos dos estadios de la vida es la crónica de un tiempo trascurrido, de un irse quedando solos sin los coetáneos ni el paisaje visto en una edad dorada. La novela muy pronto asienta su condición elegíaca y la esperanza que habría de revelarse así fuera al último, queda transmutada en el deambular de fantasmas que apenas hallan ínfimo anclaje en la perdurabilidad de la palabra hecha historia, memoria. (N.C.) Rafael Pérez Gay, Nos acompañan los muertos. Planeta / Autores españoles e iberoamericanos, México, 2009. 205 pp.
Poesía que va y viene, poesía en Almadía Por Marcos Daniel Aguilar Como el vaivén del agua del mar que con la marea pasa de la tierra para regresar a las profundidades, los libros de poemas van y viene de entre las manos de los lectores y de las novedades de las casas editoriales, aunque cada vez con menos fuerza. Una de las pocas apuestas hacia la lírica es la que presenta la editorial Almadía bajo su colección Pleamar. Poesía, que en menos de un año ha editado al menos cuatro títulos de este género literario. Se trata de pequeños y ligeros tomos bajo el riguroso y creativo diseño de Alejandro Magallanes, que además de la poesía que se encuentra en los textos impresos en sus páginas, ésta se halla también en el cuidado tipográfico y visual de cada ejemplar de la corriente (poesía) a la baja del Pleamar. Entre esos nuevos títulos se encuentran dos poemarios que se unen por puentes temáticos como son el recuerdo y la soledad, pero que los distingue la voz y las formas que brindan cada uno de los escritores. La isla de las breves ausencias de Francisco Hernández (San Andrés Tuxtla, 1946) es un trayecto al desierto, a aquella desolación con forma de isla virgen que es útil para la remembranza y la reflexión. El desamor y la desesperanza son las constantes del poemario en donde el ritmo y las imágenes marinas imprimen una fuerza sensual y misteriosa. Ese misterio es lo que le permite una inercia potente que se frena por textos cargados más a la reflexión. En esta misma colección, Marcelo Uribe (ciudad de México, 1946) presenta Última función, en donde sus poemas, leídos en voz alta, son una línea musical con sonidos graves y agudos que se combinan de buena forma. La soledad y la nostalgia por lo vivido o no también es una columna vertebral, pero Uribe inserta el elemento luz y sombra para captar, a manera de fotografía, imágenes que la poesía imprime en el papel como el mejor de los químicos creativos. El poeta recorre un álbum fotográfico de la vida que viaja entre las ideas y las sensaciones del instante. Los elementos reales que no ocupan un espacio cobran forma con las palabras. Estos poemas y algunos de Francisco Hernández son "el milagro de cada instante que no se repite". -Francisco Hernández, La isla de las breves ausencias, México, Almadía/Pleamar.Poesía, 2009. 82 pp. -Marcelo Uribe, Última función, México, Almadía/Pleamar.Poesía, 2008. 105 pp.
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