Museo del cine mexicano
ciclo: Hemanos Soler
Still película
Paloma herida
Domingo 8, 14:30 PM Centro

Paloma llega a San Antonio. En la costa mata a Danilo. Guarda obstinado silencio al ser juzgada y da  a luz a un niño en la cárcel. Ahí, el Justo, amargado y borrachín  juez, y su esposa Amalia, hacen que Paloma recuerde su pasado.

En flashback vemos como Paloma vive feliz con su  padre Fidencio a orillas de un lago y va a casarse con el pescador Esteban, pero un día Danilo llega con tres secuaces  y unas prostitutas  y explota a los indígenas después de  intimidarlos con un discurso.  Entonces Esteban protesta y recibe una gran paliza.

Danilo quita su  casa a Fidencio. Los indígenas son obligados a latigazos a  trabajar en el campo, algunos son colgados de las manos  en castigo  y otro es muerto  de  un tiro cuando intenta  huir.  Danilo funda un cabaret  para que los indígenas  gasten ahí sus míseras  ganancias  y se envilezcan.

Como protesta las mujeres indígenas migran  con sus hijos. Esteban y Fidencio  son torturados por no ir al cabaret. Danilo accede a que Paloma y Esteban se  casen pero el día de la boda, el novio es acuchillado por Melesio, seguidor del malvado.

El cínico Danilo hace que maten a Melesio lazándolo al agua con una piedra  amarrada  y encarga a la prostituta Carioca -enamorada del malvado- que le consigna a Paloma. Los sicarios restantes, los indígenas  y las prostitutas, menos Carioca, resuelven huir  del lugar, pero Danilo mata a sus esbirros  con un rifle de mira telescópica, asesina a Fidencio  y golpea y viola a Paloma...

Fin del flashback; entonces el juez y Amalia dejan que Paloma se vaya con su hijo.

La anterior es la sinopsis de Paloma Herida, tremendo melodrama  filmado  por entero  en Guatemala  y prohibido en ese país, en la Argentina y en el Brasil, según  su publicidad. En este filme,  vemos como en la escena inicial la joven  Patricia Conde, cubierta  por una manta  negra de “paloma herida”, pues de ella se trata, avanza gravemente por la playa, mira de soslayo las redes  mientras  es contemplada por pescadores serios. La fotografía es sencillamente formidable.

La película tiene el sello característico de el Indio: hermosos paisajes lacustres, mujeres que cargan cantaros con la cabeza  o que lavan ropa con sus vestidos autóctonos, indígenas alineados,  contraste de piernas de prostitutas con pies desnudos  de pescadores….

Cabe resaltar que el director estaba disgustado por  tener que filmar en el extranjero  para un productor no demasiado exquisito, el guatemalteco Zeceña Diéguez. Por ello, Emilio Fernández dejo que su religiosa  y agónica nostalgia de la pureza  fuera aplastada por una amargura, un sentimiento de frustración  que se traduce en un claro desdén  por todos los personajes, aún los positivos, y sobre  todo por el de Danilo Zata  en quien el Indio descarga  una toda la maldad que puede tener un personaje: será el peor de los miserables, pero habrá una mujer (Carioca) que lo ama con fidelidad  incondicional, pues  sin eso, cualquier personaje estaría peor que muerto…

Acerca del director

La vida de Emilio Fernández Romo, apodado el Indio, es una epopeya. Nació el 26 de marzo de 1904 en El Hondo, Coahuila. Era muy niño cuando inició la Revolución Mexicana, por lo que vivió una época difícil, con un padre ausente, un militar riguroso y cruel que permaneció en activo durante la lucha armada; apenas trató con su madre, Sara Romo, de ascendencia kikapú, quien murió o huyó del hogar, por lo que fue criado por su abuela. Inspirado por el ejemplo paterno, se enroló con los alzados y se matriculó en el Colegio Militar del que fue expulsado, aunque a los diecinueve años ya era un joven Teniente Coronel con un largo historial militar.

Tal vez el haber participado en la Revolución Mexicana le dio elementos suficientes para recrear toda una época y trascender a su leyenda, en la que es difícil separar el dato biográfico del mito, ya que contaba haber participado en eventos históricos y haberse relacionado con personajes célebres… Dicen, dijo, que casi siendo un niño asesinó al amante de su madre, intervino en la rebelión delahuertista comandada por Fortunato Maycotte, que al viajar a Estados Unidos se relacionó con Al Capone, Rodolfo Valentino, John Ford, que fue novio de Greta Garbo y que incluso modeló para la estatuilla del premio Oscar.

Lo que es un hecho es que emigró a Estados Unidos y pronto consiguió trabajo en la efervescente industria cinematográfica. Entre 1925 y 1934 apareció en varias películas, algunas hispanas, como extra, actor secundario, bailarín, además de trabajar como barrendero, carpintero, cargador y otros oficios. En la meca del cine coincidió con varios mexicanos, quienes más adelante serían primeras figuras, y con uno de ellos, Chano Urueta, se reunía los fines de semana para filmar con una cámara prestada. Alguna vez contó que en esos días de descanso iba al cine, y descubrió las imágenes de ¡Que viva México! de Sergei Einsestein, las que le causaron tal emoción, que a partir del realismo soviético vislumbró la posibilidad de crear una estética cinematográfica mexicana.

Luego de siete años de exilio, y tras la amnistía declarada a favor de los delahuertistas, Emilio Indio Fernández regresó a México y se incorporó al cine. Participó como actor en Corazón bandolero de Raphael J. Sevilla, Janitizio de Carlos Navarro, Adiós Nicanor de Rafael E. Portas; brincó a la pista como bailarín en María Elena, también de J. Sevilla, y participó en Las mujeres mandan y Allá en el rancho grande de Fernando de Fuentes; su primer colaboración como libretista fue en Los muertos hablan de Gabriel Soria.

En 1941, apoyado por David Silva y asesorado por Raúl de Anda, debutó como director en La isla de la pasión , a la que siguió Soy puro mexicano; en 1943 estrenó Flor Silvestre, notable no solo por la historia y actuaciones, sino porque en esta cinta conjuntó un equipo de trabajo que incluyó al argumentista Mauricio Magdaleno, el fotógrafo Gabriel Figueroa y los actores Dolores del Río y Pedro Armendáriz, con quienes filmó María Candelaria, La perla, Enamorada (en la que incluyó a María Félix), Río escondido, entre otras, que le dieron reconocimiento internacional y nacional, premios en festivales de todo el mundo y lo llevaron al primer plano de la cinematografía mundial de los años cuarenta, al grado de que en el mundo se consideraba que el cine mexicano era la dupla Fernández-Figueroa. En 1946 codirigió con John Ford El fugitivo; aunque el tema recurrente de sus cintas fue el campo y los indios de México, en 1948 filmó Salón México y Víctimas del pecado de 1950, citadinas, afroantillanas y sórdidas.

Con la década de los cincuenta sobrevino la decadencia de la Época de oro del Cine Mexicano, su gloria decayó y con la falta de oportunidades para dirigir retomó su carrera como histrión en 1958 en La cucaracha de Ismael Rodríguez. En los últimos años de su vida filmó segundas y terceras versiones de sus propias películas, al tiempo que participó como actor de carácter en las producciones en cine y televisión que le ofrecían, sumando 98 películas como intérprete y 48 como director.

Por su trabajo mereció en numerosas ocasiones el Ariel; en 1948 recibió el Colón de oro en Huelva y hay una cátedra de cine con su nombre en la Universidad de Moscú. En su obra han quedado inmortalizados los rostros más bellos del cine mexicano: María Félix y Dolores del Río, así como la bravura y galanura de Pedro Armendáriz; si Akira Kurosawa legó al mundo la belleza del cine japonés, El Indio aportó en su mejor época una estética nacionalista.

El 6 de agosto de 1986, en la ciudad de México, acompañado de Columba Domínguez, quien fuera una de sus cuatro esposas, y de su hija Adela, murió en su casa de Coyoacán, a causa de las complicaciones por una fractura en la clavícula.

Ficha Técnica
Paloma Herida
México, 1962
Dirección: Emilio Indio Fernández
Guión: Juan Rulfo s/argumento de Emilio Indio Fernández
Fotografía: Raúl Martínez Solares
Música: Antonio Díaz Conde
Sonido: José B. y Enrique Rodríguez
Escenografía: Ramón Rodríguez Granada.
Edición: Juan José Marino
Interpretes: Patricia Conde, Emilio Indio Fernández, Andrés Soler, Noé Murayama, Georigina Quental  y Columba Domínguez.