Museo del cine mexicano
Ciclo: Premiadas con Ariel
Still película
Pepita Jiménez
Domingo 7, 14:30 PM Centro

La trama está ubicada en el Siglo XIX. El seminarista Luis regresa a su pueblo andaluz y ahí encuentra a sus amigos borrachos y rabiosos porque la joven Pepita ha sido obligada por su tía Salvaora a casarse con el viejo, odioso y vulgar usurero Gumersindo, que por fortuna muere congestionado después del banquete de bodas.

Por su parte, el hacendado Pedro, padre de Luis y enamorado de Pepita, pronuncia una oración fúnebre  jocosa ante la tumba del viejo. Luis lo interrumpe  con sollozos de  indignación y se va del pueblo, pero su tío cura, hermano de Pedro, lo convence de que regrese  y pida perdón a todos. Luis lo hace ante el desconcierto de Pedro y de Pepita.

Pedro disputa a  un conde el amor de Pepita, mientras ella y Luis se sienten mutuamente atraídos. Luis pide a su padre que le enseñe a montar a caballo; la casta del joven se impone a las dificultades del aprendizaje. Luis asiste indignado a la escena en la que el conde besa a Pepita y ella lo abofetea. Mientras, Pedro celebra un banquete en el que pide a Pepita su mano. Ella deja violentamente la mesa y confiesa al cura que ama a Luis. Éste, afligido,  decide irse, pero Pepita se lo reprocha desesperada y lo abraza con pasión.

Pedro ve eso y golpea a su hijo. Pepita y Luis se van juntos y, al pasar por una fiesta  popular, sale a su paso el conde, que los insulta y reta al seminarista. Luis y el conde luchan con sables; el joven mata a su rival después de un violento combate. Llega Pedro arrepentido y, sosteniendo el cuerpo ensangrentado de su hijo proclama la unión de Luis y Pepita…

Cabe destacar que Pepita Jiménez  fue la primera cinta que el Indio Fernández abordó un tema y un ambiente no mexicanos, asumiendo los riesgos de la adaptación  de una novela española del siglo XIX, dirigiendo además un reparto encabezado por la actriz española Díaz Jimeno y el catalán Bonanova.

Con esto Fernández  hubo de probar que su estilo no sólo era asunto de forma, sino de fondo. Y lo logró. Encontró en la novela de Valera  motivos para afirmar su amor a los sentimientos y situaciones más fuertes. Trató con cuidado de no incurrir  en fallas de ambientación  y salvó las dificultades de un diálogo no muy bien entendido  ni interpretado, hasta llegar a las escenas que más le importaban: las del final cuando el amor se impone a la violencia, la incomprensión y el fanatismo.

El filme muy bien fotografiado da presencia  al excelente actor Montalbán, mientras que Díaz Gimeno  alcanza una bella  y expresiva sinceridad, lo que se traduce en que el director mexicano hizo la mejor película española del cine nacional.

Acerca del directo

La vida de Emilio Fernández Romo, apodado el Indio, es una epopeya. Nació el 26 de marzo de 1904 en El Hondo, Coahuila. Era muy niño cuando inició la Revolución Mexicana, por lo que vivió una época difícil, con un padre ausente, un militar riguroso y cruel que permaneció en activo durante la lucha armada; apenas trató con su madre, Sara Romo, de ascendencia kikapú, quien murió o huyó del hogar, por lo que fue criado por su abuela. Inspirado por el ejemplo paterno, se enroló con los alzados y se matriculó en el Colegio Militar del que fue expulsado, aunque a los diecinueve años ya era un joven Teniente Coronel con un largo historial militar.

Lo que es un hecho es que emigró a Estados Unidos y pronto consiguió trabajo en la efervescente industria cinematográfica. Entre 1925 y 1934 apareció en varias películas, algunas hispanas, como extra, actor secundario, bailarín, además de trabajar como barrendero, carpintero, cargador y otros oficios. Luego de siete años de exilio, y tras la amnistía declarada a favor de los delahuertistas, Emilio Indio Fernández regresó a México y se incorporó al cine. Participó como actor en Corazón bandolero de Raphael J. Sevilla, Janitizio de Carlos Navarro, Adiós Nicanor de Rafael E. Portas; brincó a la pista como bailarín en María Elena, también de J. Sevilla, y participó en Las mujeres mandan y Allá en el rancho grande de Fernando de Fuentes; su primer colaboración como libretista fue en Los muertos hablan de Gabriel Soria.

En 1941, apoyado por David Silva y asesorado por Raúl de Anda, debutó como director en La isla de la pasión , a la que siguió Soy puro mexicano; en 1943 estrenó Flor Silvestre. En 1946 codirigió con John Ford El fugitivo; aunque el tema recurrente de sus cintas fue el campo y los indios de México, en 1948 filmó Salón México y Víctimas del pecado de 1950, citadinas, afroantillanas y sórdidas.

Con la década de los cincuenta sobrevino la decadencia de la Época de oro del Cine Mexicano, su gloria decayó y con la falta de oportunidades para dirigir retomó su carrera como histrión en 1958 en La cucaracha de Ismael Rodríguez. En los últimos años de su vida filmó segundas y terceras versiones de sus propias películas, al tiempo que participó como actor de carácter en las producciones en cine y televisión que le ofrecían, sumando 98 películas como intérprete y 48 como director.

El 6 de agosto de 1986, en la ciudad de México, acompañado de Columba Domínguez, quien fuera una de sus cuatro esposas, y de su hija Adela, murió en su casa de Coyoacán, a causa de las complicaciones por una fractura en la clavícula.

Ficha Técnica
Pepita Jiménez
México, 1945
Dirección: Emilio Fernández
Argumento: sobre la novela  homónima de Juan Valera. Adaptación de Emilio Fernández y Mauricio Magdaleno.
Fotografía: Alex Phillips
Música: Antonio Díaz Conde
Sonido: Jesús González Gancy.
Escenografía: Javier Torres Torija  y Manuel Fontanals
Edición: Gloria Schoemann
Con: Rosita Díaz Jimeno, Ricardo Montalbán, Fortunio Bananova, Consuelo Guerrero de Luna, Carlos Orellana y Julio Villarreal.