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  Un poco de historia        

El manga surgió en los primeros años del siglo pasado, de una mezcla entre el ukiyo-e y el estilo de dibujo occidental. En la década de los veinte fueron llegando a Japón caricaturas o series animadas creadas por J.R. Bray, mismas que despertaron el interés como nueva forma de expresión.

En los años que siguieron a la posguerra la animación japonesa desarrolló un proceso creativo casi independiente o, mejor dicho, ajeno a cualquier influencia extranjera en cuanto a técnica y temática, como por ejemplo Tadahito Mochinaga, quien realizó su primera cinta de títeres animados que más adelante se llevó a los largometrajes y cortometrajes.

En los años cuarenta y cincuenta, cuando la industria nipona de dibujos animados se dedicó a la producción acelerada de series con presupuestos verdaderamente reducidos destinados a la televisión, fue cuando la relación entre el manga y el anime se hizo más estrecha; la gran mayoría de los personajes hechos en animación fueron sacados del manga, convirtiéndose este último en un soporte que aseguraba el éxito de las caricaturas, es decir, si el cómic no gozaba de gran popularidad y garantizaba enormes ventas, los estudios no tendrían ningún interés en adaptarlo. Este fenómeno continúa en nuestros días.

Osamu Tesuka es uno de los creadores más reconocidos en Japón y en el extranjero, de quien se adaptó algunos de sus Mangas famosos en todo el mundo: Kimba the White Lion, Princess Knight y Astroboy; de hecho, en 1963 este último fue el primer programa para televisión de media hora producido en Japón por el estudio Tetsuwan, transmitido en Estados Unidos quienes al poco tiempo, a través de la Sociedad de las Artes Cinematográficas y de Televisión, reconocieron que el país oriental se había convertido en el más grande centro de producción animada.